Creemos que la experiencia del taller es un caso de éxito que muestra la necesidad de repensar las prácticas dominantes en las políticas educativas actuales.
El modelo actual, en general, es de carácter monológico, pues está determinado por ciertas autoridades o sectores educativos sin tomar en cuenta a profesores y alumnos en su diseño. Proponemos a cambio un modelo más dialógico, que permita la contribución de todos los agentes educativos.
Las prácticas educativas actuales son verticales (top-down): ciertas instancias diseñan el programa que los profesores deben instrumentar para los alumnos, los destinatarios. Proponemos un modelo más horizontal o más vertical en un sentido up-bottom, de manera que las iniciativas de alumnos, profesores, departamentos e instituciones tengan más cabida y respaldo.
A pesar de todas las transformaciones que la educación ha vivido en los últimos años lo cierto es que sigue funcionando como un modelo de transmisión del conocimiento y no de construcción colaborativa del conocimiento.
Por último... se habla mucho de la necesidad de incluir más tecnología en el aula. Pero la experiencia del taller sugiere que incluir tecnología digital implica la necesidad y la posibilidad de cambios educativos más profundos. Lo que sucede en muchos casos es que la tecnología se usa como herramienta para hacer lo mismo que se hacía antes de ella. Lankshear y Knobel le llamaban a esto: “ofrecer vino viejo en botella nueva”. Así que la necesidad de integrar la tecnología en el aula creemos que está subordinada a la necesidad de explorar nuevas prácticas educativas. Es urgente que la innovación educativa forme parte de la agenda de las instituciones y los tomadores de decisiones.
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